Alimentos prohibidos

«Me señalaron como un adicto a correr. No pude defenderme ni negarlo». (@fabrizzioponce)

Nadie debe practicar deporte sin haber llenado antes sus depósitos de energía. La experiencia, los ensayos y la rutina condicionan el contenido y la cantidad de aquello que ingieres.

Un ejemplo

Antes de salir a correr es imprescindible haber comido. Pero… ¡ojo con lo que tomas!

Mi amigo J.C. tenía un problema con los lácteos. No era consciente de ello pero la vida, en forma de apretón, permitió que en tan solo una hora y media participase, participásemos, en dos carreras. Una, para la que teníamos el dorsal. La otra, antes, buscando una gasolinera. Nos cansamos más con esta que con la cronometrada. No se si ha vuelto a comerse un yoghurt. ¿Será ese su alimento prohibido?

Otro ejemplo

Yo, antes, no toleraba el café. Era un laxante perfecto. Ahora, conocidas y controladas sus reacciones, ese líquido negro junto a un emparedado de jamón york y un plátano, forman parte de la comida anterior a cualquier corrida o carrera. Fue mi alimento prohibido.

Malilla 2009. Segunda carrera de la mañana y solo eran las 9:35 horas. (Soy el que mira el reloj y lleva camiseta oscura).

El ejemplo

Pero vayámonos a junio de 2014. Estamos en Benicàssim, Castellón. Planazo de fin de semana: cena en pareja, un hotel tranquilo y un 10k matinal por el paseo marítimo. Pero antes:

– Él: «No desayunes nada nuevo. No hagas pruebas. No experimentes. Toma lo de siempre».

– Ella: «Me apetece un zumo de naranja».

– Él: «No deberías beber zumo. Puede sentarte mal».

– Ella: «Vale».

Un vaso y medio de jugo después (el que tomó ella), ambos protagonistas se fueron a la línea de salida. Todo evolucionaba con normalidad hasta que aquel líquido color butano empezó a ‘trabajar’ en el estómago de nuestra protagonista. La paz interior duró, exactamente, 2 kilómetros. En ese cartel un primer pinchazo. Unos metros después, otro. Y otro… y otro más. Algo apretaba por dentro, algo la estrujaba, algo quería y necesitaba salir. Con prisa y sin ninguna pausa. ‘A mogollón’.

Aquella atleta lucharía durante otros 8.000 metros por mantenerse en competición. Vivita y sin colear intentó extraer toda su energía evitando evacuar… otra cosa. Y pudo correr. Más lento de lo previsto pero pudo correr. Con las piernas en aquellas calles y el cuerpo transitando en su purgatorio particular.

Superada la meta, la verdad, con mejor tiempo del que aquella estación de penitencia presumía, la corredora exclamó:

– «Tengo más dolor en el culo de hacer fuerza y apretar que en las piernas por haber corrido».

Desde aquella mañana, el zumo de naranja también esta proscrito de los desayunos. Por si acaso. Es mi alimento prohibido.

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