Soy un hipocondríaco

Mi cuerpo tiene todo esto pero sobredimensionado.

Esto que vas a leer aquí existe y también está en tu cuerpo. Los nombres son auténticos, no invenciones mías. Y todos, juntos o por separado, pueden llegar a joderte un día, una semana o toda una preparación para una carrera de 42 kilómetros. Yo los sufro con resignación de… hipocondríaco.

«Si entrenas de menos puede que no termines, pero si entrenas de más puede que no empieces». (Stan Jensen)

Soy una persona con formación humanista. Con muchas letras pero poquísimas cifras. De Ciencia, menos de lo justo. Del cuerpo humano, la simpleza pura. Aquello tan repetido en el colegio de «está compuesto por cabeza, tronco y extremidades». Y se acabó.

Pero oye, ha sido ponerse a preparar un maratón, a entrenar como un ‘tarado’ y descubrir, descubrirme por dentro. La de cosas que llevamos encima.

L4, L5 y S1

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La zona crítica de mi cuerpo.

Mi vida de atleta popular mediocre va unida a dos letras y tres números: L4, L5 y S1. Son las tres vértebras de la columna entre las que tengo dos protusiones discales. Puedo levantar mucho peso sin problemas y conseguir un doloroso y horrible bloqueo vertebral, simplemente, sentándome en el suelo a meter un disco en el DVD. Ha pasado y hace poco, muy poco.

Cuando la ‘cosa’ se pone mal solo queda una doble solución: inyectarse Diclofenaco (antiinflamatorio no esteroideo) y tomar Tramadol (un analgésico de tipo opioide). Una bomba nuclear.

El médico que me trata, galeno de deportistas de élite y de deportistas vulgares me dijo: «No deberías correr. Pero entre correr y no hacer nada, corre». Y no dejo de obedecerle.

Gemelo, soleo y Aquiles

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Soy zurdo total excepto para los problemas musculares. Esos los sufro en la pierna derecha.

Hay otra zona en mi cuerpo especialmente sensible. Por una microrotura en el soleo de la pierna derecha tuve que retirarme en Valencia 2014 cuando solo llevaba 8 kilómetros. Aquello, lejos de curarse rápido, ha estado dando problemas durante muchísimo tiempo.

En otros momentos molesta el tendón de Aquiles. A veces, la dolencia llega desde más arriba, desde el músculo del gemelo. Tengo toda esa zona hecha un Cristo. Siempre en la pierna derecha. ¿Casualidad o causalidad?

Tibial anterior

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Y ahora, el tibial anterior. Nuevas sensaciones para el que te escribe.

Mi última adquisición. Algo nuevo. Descubrir dónde tenemos el tibial anterior.

Es curioso. Me permite andar con normalidad y puedo correr con algunas molestias. Pero resulta totalmente imposible dormir. El peso de la sábana sobre la pierna se convierte en una tortura pura. ¿Curioso? Curioso y doloroso.

Por supuesto, otra vez, en la pierna derecha. Yo siempre he sido muy zurdo.

Sí, soy un hipocondríaco

A la lista anterior podría añadir: dolor en la punta de los dedos del pie izquierdo, algunas uñas negras en ambas extremidades, dolor en la rodilla izquierda, dolor en la rodilla derecha, en el talón derecho y en el dedo gordo del pie izquierdo.

Además, mientras en Valencia disfrutamos de 25 grados de temperatura, el tete anda por la calle con dos mangas y el cuello bien tapadito. No sea que me constipe.

Comer, como de casi todo pero con muchísimo cuidado. ¿Y si algo me siente mal? ¿Y si algo me sienta peor? ¿Y si me destroza por dentro?

La obsesión por no llegar enfermo al 15 de noviembre me está poniendo malísimo.